El paisaje tiembla en ese trozo de cielo pegado al horizonte. Suena una canción lejana y alguien mira por el balcón en camiseta…
…En verano los pueblos se llenan de ferias, hilos con banderitas cruzan las calles, la pólvora inunda los cielos de palmeras de colores y la gente tapa la plaza. Pero mi ciudad es una ciudad malherida y agujereada. Una gran ciudad que se desabita en verano, cuando todos huyen a la playa o a sus orígenes.
No todos se han marchado. Aun quedan las vidas de cientos de habitantes haciéndose humo cada día, echándote de menos, guardando la ciudad hasta tu regreso, en ese olvido que esta lleno de memoria vivimos encerrados, mustios en alguna esquina, náufragos de nuestro propio sueño; allí nos ahogamos en llanto, allí vertimos la impotencia, la rabia, el dolor de la vida que late con fuerza, golpea… no hay quien escuche incondicional nuestros gritos, entonces conocemos las lunas desoladas en las noches distintas de las miradas que dejan millones de incertidumbres. Las jornadas nocturnas de Curicó me saben a esos bares que tienen tu perfume y guardan vestigios de besos sin recelo y olor a humedad.
Como alguna vez escribí debí juzgarte por tus actos y no por tus palabras, solo que no medí el tiempo y mucho menos las consecuencias… esas malditas y actuales consecuencias