MUERTE Y RESURRECIÓN EN LA CRUZ
Ahí estaba otra vez. Sentado en una banca esperando una entrevista de trabajo. Había decidido buscar empleo después de despertar y darse cuenta que ni siquiera le quedaba papel para escribir. La última hoja la había ocupado en un poema que después desechó.
Tampoco le quedaba comida, así que se tomó un vaso de agua y ahí estaba otra vez, tratando de sobrevivir a la locura. La vida era bastante aburrida después de todo. Pensó en Borges, no entendía como soporto una vida de literatura. Encerrado entre libros y caca de gato. Pensó en Donoso, revolcándose en su tumba mientras los que lo alababan en vida lo declaraban homosexual. Pensó en Gabriela Mistral recibiendo el título de profesora después del Nobel y las humillaciones. Pensó en De Rocka y su “Me llegó demasiado tarde” cuando ganó el nacional. Una pensión vitalicia no sirve de mucho cuando estás a punto de morir y tus seres queridos se han suicidado. Ser un héroe solo funciona cuando eres lo suficientemente joven y estúpido como para encontrar deliciosa la mierda.
El aviso del diario era simple. Un trabajo normal, listo para un tipo con poco tiempo. Andrés tenía bastante tiempo, pero no pretendía gastarlo todo con trabajo. ¿Cuánto necesita un hombre para vivir, después de todo? Las vacaciones de la universidad serían suficientes para reunir algo. La sobriedad de su vida se debía principalmente a la falta de dinero. Henry Miller podría pasarse el dinero por el culo, después de todo tenía a Nin. Nin y el banquero. Así era bastante fácil. Pero en el mundo de Andrés Berrios no habían Anaís. Banqueros si habían, pero en vez de dejarlo tirar con sus esposas y alimentarlo lo perseguían con letras atrasadas y protestos.
Andrés estaba con resaca, su novia lo había despertado a punta de codazos. Olvidaba las cervezas que se habían tomado y que lo despertó a las 4 de la mañana para tirar. Cuando estaba en la básica Andrés vio como hacían tirar a los caballos. Amarran al macho del cuello con sogas y lo guían con picanas. Después de ducharse se tomó dos cefalmin y un disfruta.
Lo llamaron cuando se levantó para ir al baño a tomar agua. Entró en la oficina. Todo DEMASIADO limpio. Por lo demás era una oficina como cualquier otra. Escritorios y tipos aburridos pretendiendo trabajar mientras chateaban. Paneles divisorios, paneles y más paneles. Oh Dios ¿Algún día acabaría todo esto? Se suponía que después venían el auto, los hijos y la cuenta del preuniversitario. ¿De dónde salían los hijos? Todos los hombres casados llegaban a la conclusión que odiaban tirarse a sus esposas.
Le recibió un tipo gordo y petiso. Además estaba quedando calvo. Cubría la calva con el poco pelo que le quedaba. Le estrecho la mano. Estaba pegajosa. Andrés pronto se dio cuenta que se debía a que el gordo estaba continuamente llevándose la mano a la cabeza para arreglarse el pelo. El gel de mala calidad se quedaba pegado entre sus dedos.
- ¿Qué dijiste que estudiabas?
- Castellano.
- Yo también estudiaba castellano hasta que llegué aquí. Pensé que tendría más futuro.
Vaya futuro. Quizás el futuro de profesor no fuera mucho mejor. Sabía desde antes de entrar en la universidad que terminaría en un liceo de alto riesgo. Alumnos pandilleros con cuchillas y todo eso que muestra la televisión mientras te preguntas ¿Dónde están los profesores? Ya lo sabes. Solucionando problemas de impotencia y tratando de pagar un auto que ya no funciona.
- Ella es Ana. Volvió a hablar el gordo. Ana no estaba nada mal: ojos verdes, pelo amarrado en una cola de caballo, traje de secretaria ajustado, lentes. Los lentes eran lo mejor en Ana.
- Pasa por acá, por favor. Dijo Ana.
Andrés pensó que las películas tenían razón ¿Por qué no? Joven muerto de hambre va en busca de trabajo. Conoce a chica aburrida de tanto trabajo. Pasan juntos a una nueva habitación. Ella hace algunas preguntas. Ambos se aburren. Comienzan a mirarse y terminan cogiendo sobre el escritorio.
Andrés tenía bastante imaginación.
Pasaron a la siguiente habitación. Pero el gordo no se fue y además llegó un nuevo sujeto. Otro buen polvo que se iba se lamentó Andrés.
- Siéntate, por favor.
- ¿Aquí? Andrés señaló un sillón bastante cómodo.
- No, aquí. Ana señaló una silla desplegable.
Andrés se sentó y ellos comenzaron el interrogatorio.
- ¿Qué le hace buscar empleo en nuestra empresa?
Era una pregunta estúpida. Estaba ahí simplemente porque era mejor que barrer mierda de elefante en un zoológico o rasurarle el culo a un enfermo de hemorroides. Obviamente eso no era lo que querían escuchar, así que mintió. Narró algo de su vida, una vida tan mala y desagradable como cualquier otra vida. Nada especial. Padres separados. Papá era alcohólico y mamá cocinera en una escuela. Dos hermanas chicas. Una abuela loca dedicada a criar perros que encontraba en la calle. Tenía veinte. Así que no podía contar con mucha ayuda para estudiar. Omitió algunos detalles poco relevantes, como el hecho que bebía más que su padre, que le iba como el hoyo en la universidad y que en realidad su abuela no tenía veinte perros, tenía 19. Eso no le importaba a Ana. Ana veía a un joven delicado y sentimental en constante lucha con la vida. Quería apoyarlo en sus senos y cantarle canciones de cuna mientras él la masturbaba. El deseo de todo hijo abandonado.
- Además creo que tengo el talento y las ganas como para ser un buen miembro de esta empresa. Dijo lo de un buen miembro mirando a Ana a los ojos.
- Bueno, dijo el tipo recién llegado. Solo una última prueba. El cargo no es de los mejores, pero puedes ir ascendiendo cargos. Andrés sabía a que se refería. De limpiar los baños podías subir a barrer los pisos. El tercer cargo era limpiar los escritorios y finalmente incluso podías servirles café. Era lo más importante de todo. Servir café y hacer colas en los bancos. Andrés podía demostrar que era un buen chico. Nunca se llevaría un cheque, aun cuando fuera tres veces más de lo que ganaba.
La última prueba era un test de inteligencia. Un trabajo tan simple podía ser echo por un mono. Pero los monos estaban demasiado ocupados pilotando naves espaciales como para barrer una oficina. Así que ese trabajo lo debía hacer Andrés.
Claro que antes debía pasar el test de inteligencia.
Ana trataba de explicarle en que consistía el test. Andrés quería ponerle atención, pero Ana tenía una voz muy sensual. Cuando ella decía algo como "basta que marque una equis en la respuesta que considere correcta" Andrés escuchaba "me encantaría que me lo metieras por el culo mientras me masturbo con leche condensada". Así que no tenía muchas esperanzas de pasar la prueba. Quizá por eso los monos pilotaban naves espaciales mientras él tenía que demostrar tener el coeficiente necesario para barrer pisos.
- ¿Comprendió las instrucciones? Dijo ella por fin
- Creo que sí. Contestó Andrés después de una pausa y con una sonrisa estúpida en el rostro.
Pásame el cuestionario A44, por favor, le dijo el tipo recién llegado al gordo. El gordo no tenía el formulario A44, tenía el formulario A56. El A56 era para postular a gerente de marketing. Andrés no sabía mucho de marketing, así que el gordo fue por el A44.
Mientras llegaba el gordo el tipo recién legado y Ana se pusieron a tomar café. Tuvieron la delicadeza de invitar uno a Andrés.
Andrés pensó que un café le podría ayudar a pasar la caña, así que también se puso a tomar café.
- Sabía que la cuenta en Londres no era una buena idea. Dijo el tipo. Andrés no sabía si quería impresionar a Ana o a él. Quizá a ambos. Ana no respondió. Andrés se dedicó a soplar el café, bebiendo a sorbos cortos.
Por fin llegó el gordo. No había encontrado ningún A44. Pero el A42 era exactamente lo mismo. Lo hacían los tipos que limpiaban autos en el estacionamiento.
Andrés comenzó a hacerlo. Tenía 43 minutos, pero empezó a elegir al azar desde la pregunta 14 hasta la 36, leyó desde la 37 a la 40 y luego termino en tiempo récord de diez minutos.
El único que lo había logrado en tan poco tiempo era Jorgito. Dijo el tipo gordo. Andrés supo tiempo después que Jorgito era el deficiente mental que ponía confort en los baños.
Andrés pasó la prueba con un margen de error del 25%. Ana le explico que se había equivocado desde la uno a la catorce y desde la 37 a la cuarenta.
- ¿Cuándo empiezo?
- Ven mañana a las 8.
Andrés aprovecho de pedir un adelanto. El tipo recién llegado le explico que no era posible.
El gordo le acompañó hasta la salida. Le pasó un billete de cinco mil "Cuando puedas me los devuelves" dijo. Después agregó "Yo también pasé la prueba con un 75%". Lo dijo con una mirada que pretendía complicidad. Qué bien, respondió Andrés mientras recibía el dinero.
Lo primero que hizo Andrés cuando salió fue entrar en una Fuente de Soda y pedir un churrasco italiano con un shop de medio. El churrasco demoró el tiempo suficiente como para que Andrés bajara el shop, así que pidió otro cuando llegó. Después de comer tomó la micro. Al llegar a casa Elizabeth aún dormía. Se desnudó y entró en la cama.
¿Cómo te fue? Preguntó ella.
Mal, conseguí el empleo. Fue la respuesta de Andrés antes de quedarse dormido.
Afuera el mundo seguía girando, la gente reía con las repeticiones de los cómicos en el festival de Viña, se peleaba por el pan frío y compraba cajetillas de cigarrillos con la foto de un anciano con cáncer a los pulmones.