Siempre fui mi pene
Siempre fui mi pene, Dios mío,
siempre fui el pedazo de mi carne
que entraba en las mujeres,
que me hacía hombre, conocedor del mundo,
propietario de la vida y de la muerte.
¿Por qué me disminuyes?
Yo no quiero aprender de tu sabiduría.
Yo quiero el falo erecto, pero erecto,
para entrar a la hora precisa
en el dulce terrón de la tierra dulce.
¡Condédeme vivir entero
hasta los ochenta!
Poemas en tu vagina,
clítoris de gominola,
busco por las esquinas
la sal de la caracola.
Poemas en tu vagina,
montes de Venus, y Marte;
escalada a la cima
de ninguna parte.
Poemas en tu vagina,
vasalla de la lengua,
puntos, comas y tildes,
de movimientos sin tregua.
Poemas en tu vagina,
mazmorra de un arrebato,
cita premeditada
dónde pasar un rato.
Pizarra dónde escribo,
chupo, chupo,
lamo, lamo,
del corazón de tus caderas,
yo soy el amo




