En el sentimiento de culpa influye mucho la escasa humildad.
Una persona con humildad sabe que no puede gobernar todas las situaciones del mundo; sabe que ocupa un lugar determinado y bien pequeño y que pueden pasar cosas que van allá de sus méritos.
Dichas personas humildes, entonces, ante los problemas, suelen no creer que pudieron evitarlo o advertirlo y, simplemente, lo dejan pasar como "cosas de la vida"; no les genera culpa el que ocurra algo que los supere, pues tienen perfecta conciencia que hay cosas superiores, que no se rigen por prejuicios o estereotipos del hombre y que van a suceder sí o sí, lo quiera o no lo quiera el humano.
El de escasa humildad cree que lo controla todo, incluso más allá de sus limitadas posibilidades y, cuando ocurre un hecho que le demuestra lo miserable que es, pues llega a generar un sentimiento de culpa por no haber previsto el hecho de que se trata, cuando en realidad, nunca pudo anticiparlo.
Ejemplo: esa madre que no pudo darle una educación a sus hijos, educación que ella creyó era la estereotipadamente correcta. Pese a sus esfuerzos, no pudo darles la educación que ella, prejuiciosamente, creyó estaba en el estándar y luego genera un sentimiento de culpa por ello.