Catalina de los Ríos y Lisperguer nació en Santiago alrededor del año 1604, fue hija del español Gonzalo de los Ríos y de la mestiza Catalina Lisperguer. Además, fue nieta del Pedro Lisperguer, nada menos que descendiente del duque de Sajonia.
Desde pequeña gozó de los beneficios de una vida aristocrática, ya que su familia era una de las más influyentes y poderosas de la época colonial. Esto implicó que Catalina pudo darse grandes lujos y comodidades, sin embargo, todo esto no fue sinónimo de educación, ya que en esa época no se consideraba necesario que las mujeres fueran a la escuela, por ende, Catalina no aprendió ni a leer ni a escribir.
Con el paso del tiempo Catalina se fue transformando en una mujer muy bella, de acuerdo a descripciones de la época, se dice que era una joven alta, de ojos verdes y con una cabellera tan roja como el fuego.
Pero así como bella, también era muy rebelde, por eso es que desde muy joven dejó en claro que le gustaba hacer las cosas a su manera e incluso en muchas ocasiones se rebeló en contra de la autoridad de su padre, pero no sólo por capricho, sino que por ambición, ya que desde siempre estuvo conciente del poder que le daba ser una Lisperguer.
Teniendo tan sólo 15 años, heredó de su abuela la chacra Tobalaba, unos años más tarde fue dueña de la Hacienda La Ligua y Longotoma, siendo esta última la más productiva y codiciada de Chile.
Fue así que decidió desligarse de la tutela y protección de su padre, es por esto, que en contra de su voluntad, comenzó a estrechar amistad con nativos, incluso, de acuerdo a lo que se cuenta, se hizo íntima amiga de su nana indígena que la aleccionó en algunos conjuros y diversas formas de brujería.
Pero esta incursión en conjuros no era algo nuevo para Catalina, ya que era algo que llevaba corriendo por sus venas.
Pasado sangriento
La gran mayoría de las mujeres de la familia Lisperguer fueron famosas en la época por ser grandes asesinas y por practicar brujería. Por ejemplo, la madre de Catalina y su tía María fueron acusadas de haber envenenado al Gobernador Alonso Ribera el mismo año en que nació Catalina.
¿El motivo? María estaba enamorada de Ribera, sin embargo éste la rechazó casándose con Beatriz de Córdoba, esto habría enfurecido a la tía de Catalina a tal punto que se unió con su hermana para envenenar al gobernador por despecho, una misión que finalmente no pudo ser cumplida .
Este homicidio frustrado enfureció al gobernador, quien sin pensarlo dos veces, mandó a encarcelar a la madre y a la tía de Catalina, sin embargo, ambas se refugiaron en claustros y fueron defendidas por los miembros de estos centros religiosos, por lo que esto sumado a lo influyente de sus apellidos, hicieron que finalmente no tuvieran que enfrentar a la justicia.
Por su parte, Catalina siempre defendió a su madre, y creció teniendo la certeza de que a través de su belleza, sensualidad y apellido podía conseguir todo lo que ella quisiera. Pero ella también tuvo claro que en caso de que eso no sucediera, siempre estaba la opción de “eliminar” la piedra en el camino que no le permitía conseguir lo que anhelaba.
Con esta idea fija en su cabeza y teniendo tan sólo 19 años, Catalina cometió su primer asesinato.
Su primera víctima
Suena espeluznante, pero el primer hombre al que Catalina asesinó fue a su propio padre. Cansada de tener que rendirle cuentas a él, un día, decidió que lo mejor era “eliminar” este obstáculo de su vida.
En ese tiempo, su padre yacía enfermo en cama, y Catalina no encontró nada mejor que llevarle hasta su lecho un pollo envenado, comestible que lo terminó por matar. Pero esto sería tan sólo el principio de su historia sangrienta.
Según, se cuenta, ya teniendo 20 años, Catalina asesinó al Caballero de San Juan, Enrique de Guzmán a quien habría dado muerte luego de pasar una noche de pasión con él. Sin embargo por este delito fue responsabilizado uno de sus esclavos que apareció misteriosamente ahorcado en una plaza.
Catalina en verdad no le tenía miedo a nadie, es por esto que también se le atribuyó la muerte de Juan de la Fuente Loarte, vicario general de este obispado. ¿Por qué lo mató? según se dice, fue porque en un oportunidad la trató de banal.
Su matrimonio
Producto de la muerte de sus dos padres, Catalina quedó al cuidado de su abuela que hizo vista gorda de los crímenes de su nieta, sin embargo, sí se preocupó de que ésta contrajera nupcias.
Es por esto, que le arregló un matrimonio con el caballero y soldado Alonso Campofrío Carvajal, un hombre sin mucha fortuna, pero muy ambicioso que vio en Catalina una verdadera mina de oro. Incluso la abuela de Catalina le ofreció una gran suma de dinero a cambio de que se casara con ésta.
Tras casarse, a Alonso le comenzó a ir bien, al punto que llegó a ser alcalde de Santiago, más tarde se trasladó junto a su mujer hasta La Ligua, dejando el claro la influencia de la familia de su esposa a quien decidió consentir incluso en sus crímenes.
Porque de acuerdo a varios historiadores, Alonso era tan ambicioso, que era capaz de aprobar y hasta de volverse cómplice de los asesinatos de Catalina. Es por esto que se les culpa a ambos de matar al vicario de la región y también a un primo de Catalina que también era religioso.
Mientras tanto Catalina comenzó a hacerse cada vez más poderosa, había anexado a sus ya ricas tierras, otras de Petorca, y de San Juan de Cuyo. Según se dice, esta mujer era la que dirigía sus propiedades y hacía y deshacía a su antojo, se cuenta incluso que fue en La Ligua que tenía como tradición azotar y torturar a sus esclavos hasta matarlos.
Pero luego de quedar viuda, sus ansias por matar aumentaron, al punto que llegó a flagelar y a atormentar a todos sus esclavos y sirvientes.
Así vivió durante años esta mujer que finalmente se ganó los apodos de “Quintrala” y “Catrala” por sus instintos asesinos y por su carácter déspota, que un día fueron cuestionados por la justicia.
Con miedo a la muerte
En 1634, el obispo Salcedo pidió que se abriera una investigación sobre los numerosos asesinatos que habían ocurrido en La Ligua, sin embargo, debido a la influencia de Catalina, esta investigación se pudo dar inicio tan sólo 30 años después.
Tras obtener algunos testimonios y hasta testigos de los crímenes, Catalina, acusada de más de cuarenta asesinatos, fue apresada y trasladada a Santiago. Sin embargo nunca pudo ser condenada por ningún delito, ya que murió durante este proceso.
Ahora, cuenta la leyenda que con el paso de los años Catalina, comenzó a obsesionarse con la muerte y con su alma. Es por esto que en su testamento dispuso que casi toda su fortuna , fuera para rescatar su alma del purgatorio.
Por ejemplo, dejó escrito que luego de su entierro, se debían oficiar por lo menos unas mil misas en su nombre, y que pasado un tiempo, se debían realizar unas 20 mil ceremonias más.
Curiosamente, en esta oportunidad, Catalina se acordó de sus víctimas y mandó a hacer unas 500 misas en honor a ellos. Además, dejó una parte de su fortuna para que se siguiera realizando una procesión con el Cristo de Mayo, que según dice la leyenda, ella misma mandó a tallar, pero que luego de colocarlo en su casa se habría deshecho de esta figura ya que “no quería que ningún hombre le pusiera mala cara en su casa".
Su funeral fue bastante ostentoso, hubo mil cirios en la iglesia y ella fue enterrada en la misma Iglesia de San Agustín luciendo el hábito de esta congregación.
Dos siglos después el historiador Benjamín Vicuña Mackennna la describió de la siguiente manera: "la enigmática figura de doña Catalina de los Ríos y Lisperguer que, perteneciente a la familia más influyente de esos años, propietaria de tierras y de esclavos, se convertiría, producto de una psiquis enfermiza, atormentada por cierta voluntad omnímoda, en una amante sangrienta, en una parricida, en una patrona inmisericorde, en una hechicera que ha devenido a través del tiempo en una suerte de mito de cierta supuesta perversidad femenina".
Aún vive
Ahora, la “Quintrala” sigue dando que hablar hasta el día de hoy. Según varios testimonios, Catalina de los Ríos aparece en un restaurante llamado “La Plaza de las Agustinas” (ex El Pollo Dorado), ubicado en calle Estado en pleno centro de Santiago.
Este local se había construido sobre una caballeriza de Catalina en donde ésta torturó a varios de sus sirvientes y en donde convirtió a algunos de ellos en sus amantes.
Según se cuenta, por las noches en este local se escuchan gritos y azotes, y hasta aparecen y desaparecen de manera misteriosa manchas de sangre en las paredes. Incluso se dice que las ánimas mueven los muebles y hasta hacen sonar unas llaves.
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