Parti haciendo Top-Less, y gracias a ElAntro me hice famosa.
A Mark no le importa mi preterito. No entiende lo que es preterito.

05-09-2006, 20:28
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La Masacre Del Seguro Obrero
Hoy se cumplen 68 años de uno de los crimenes politicos mas cobardes de la reaccion derechista en Chile. Una orden que el presidente Arturo Alessandri nunca asumió, pero que se cumplió a cabalidad: el nacismo desapareció de la política chilena.
La muerte de 59 jóvenes a pasos de La Moneda fue el fin de un proceso deliberado para lograr este objetivo.
Al iniciarse 1938, la oposición se presentaba dividida. Radicales, comunistas, socialistas y democráticos constituyeron el Frente Popular, que proclamó la candidatura del abogado y profesor radical Pedro Aguirre Cerda. Otros pequeños partidos (Radical Socialista, Organización Ibañista, Unión Socialista de Ricardo Latcham, etc.) formaron la Alianza Popular Libertadora que, junto con el MNS (que ya tenía tres diputados), proclamó a Carlos Ibáñez del Campo. Los partidos de derecha (Liberal, Conservador, y una fracción Democrática) apoyaban al empresario Gustavo Ross Santa María. A tres bandas, era seguro que ganaría este último, a quien favorecían el gobierno y el poder financiero de la derecha.
El 5 de septiembre de 1938 un grupo de jóvenes estudiantes y obreros nacistas, cuyo promedio de edad era de 24 años, se tomó la Casa Central de la Universidad de Chile. Otro grupo procedió a ocupar el edificio de la Caja del Seguro Obrero Obligatorio. Es decir, a metros del Palacio de Gobierno y a treinta metros del dormitorio del Presidente Arturo Alessandri Palma. Su intención era comenzar una sublevación que contaría con el apoyo de varios regimientos.
A las 12:20 del día 5 de septiembre de 1938, una señora le avisó al carabinero José Salazar, en la esquina de Moneda y Morandé, que estaban entrando jóvenes armados a la Caja del Seguro Obrero - edificio que ocupa hoy el Ministerio de Justicia -, ubicada al frente de la Intendencia y en diagonal a La Moneda. El policía corrió hasta el edificio, cuyo portón cerraba por dentro un joven con una cadena. Le apuntó y le ordenó detenerse. Recibió por respuesta un tiro en el tórax. Fue la única baja de la policía.
Cerca de 20 rebeldes - estudiantes y obreros nacional socialistas - tomaron de rehenes a los empleados presentes, los encerraron en una pieza del piso 11 y bloquearon las escaleras con muebles. Liderados por Ricardo White, comandante de las Tropas Nacistas de Asalto - milicias juveniles -, montaron una radio a través de la cual Jorge Gonzáles los dirigiría desde una casa de Las Condes.
El Presidente Arturo Alessandri hablaba por teléfono desde su estudio en La Moneda, a 30 metros del Seguro Obrero, cuando oyó el disparo. Se asomó a la vantana y vió al carabinero Salazar desfallecer al lado de un buzón de Correos. El Intendente Bustamante le dijo que eran gangsters que querían robar la Caja. Pero el "León" aseguró que era una revolución nacista que debía tener ramificaciones. Llamó a los Comandantes de Las Fuerzas Armadas y a los Directores de Carabineros e Investigaciones, y ordenó que la Escuela de Carabineros sofocara la toma.´
El Presidente oyó detonaciones en el interior del edificio. Sus edecanes y el Intendente Bustamante le dijeron que debían ser gangsters que querían asaltar la caja, pero él afirmó que era una "Revolución nacista".
Mandó a llamar a la Escuela de Carabineros, a los Comandantes de las Fuerzas Armadas y Directores de Carabineros e Investigaciones. Se acordonaron las calles alrededor de La Moneda y se ubicaron los carabineros usando como barricadas los desniveles y materiales que estaban en el sector debido a las labores de construcción del Barrio Cívico.
La policía ingresó hasta el quinto piso. Luego los nacistas se replegaron hasta el séptimo piso. El Presidente hizo venir al regimiento Buin. Los amotinados lo aclamaron. Pero venía a controlarlos.
Cerca de las tres de la tarde, el general Carlos Ibáñez, quien se suponía respaldaba el intento de golpe, se entregó en la Escuela de Aplicación de Infantería en San Bemardo. Fue detenido y llevado a Investigaciones. Los nacistas sublevados estaban completamente solos.
Mientras tanto, más de dos horas hubo de enfrentamiento entre Carabineros y los amotinados de la Universidad de Chile. A las dos y media de la tarde se rindieron cuando dos cargas de una batería del regimiento Tacna derrumbaron el portón del edificio, pues tenían orden de no enfrentarse con el Ejército.
Quedaron siete nacistas muertos en el recinto. Ninguna de estas muertes ha sido aclarada hasta hoy. Según el relato de los sobrevivientes, publicado por la revista "Hoy" en noviembre de 1939, ninguno había fallecido hasta que bombardearon la puerta. Es más, denunciaron que los carabineros fueron muy violentos con los rendidos y que el Coronel Juan Pezoa en persona (el mismo que había hecho callar a González Von Mareés en el Teatro Carrera) ordenó que siete de los amotinados acorralados en un patio fueran ametrallados, pese a tener sus brazos en alto.
Sacaron a los demás nacistas. Hicieron una fila y los pasearon por varias calles, haciéndoles retroceder varias veces.Hicieron entrar a los rendidos a culatazos y golpes. Los subieron hasta el sexto piso y los encerraron en uno de los cuartos de este nivel.
Un cuarto para las cuatro de la tarde uno de los rendidos en la Universidad logró, por petición del Teniente Corronel González Cifuentes, que sus camaradas se rindieran.Les prometieron que vivirían.
Bajaron y ya en el sexto piso los revisaron y encerraron en una pieza. Luego los hicieron salir y los dejaron en el descanso de una escalera.
Los ametrallaron.
Después hicieron salir de a tres o cuatro a los rendidos en la Universidad, que estaban encerrados en una pieza. Pasaron por sobre sus compañeros y los ametrallaron en esa corrida. Los repasaron y verificaron sus muertes durante horas. Les robaron dinero, relojes, etc. Cuatro sobrevivientes quedaron entre los cadáveres haciéndose los muertos. A las 22:30 horas se oyó llegar al diputado Raúl Marín y al periodista Darío Zañartu, quienes habían convencido al oficial encargado de la puerta de que los dejase ingresar. Los sobrevivientes dieron señales de vida. Los policías los apuntaron con las carabinas. Pizarro( Carlos Pizarro, uno de los sobrevivientes) oyó: "Delante de mí no muere nadie". El diputado fue a pedir clemencia al Presidente y el periodista se quedó ahí para proteger la vida de los nacistas. Finalmente, trasladaron a los tres heridos a la Asistencia Pública y a Carlos Pizarro, ileso, a investigaciones.
Los detectives se jugaron al cacho quién lo fusilaría. Pero a las 3 de la mañana lo inscribieron como detenido: "Estai salvado, cabro", le dijeron. Ya en la Penitenciaría, fue condenado a cinco años por sentencia del primer proceso judicial. El 24 de diciembre fue indultado por el Presidente electo Pedro Aguirre Cerda.
estos es un resumen de lo que sucedio aquel dia y tambien es un homenaje para aquellos jovenes que dieron su vida por sus ideales o como dijeron ellos mismos "" QUE NUESTRA SANGRE SIRVA PARA SALVAR A CHILE ""
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05-09-2006, 20:42
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Re: La Masacre Del Seguro Obrero
No seai lloron maricon ¿ a cuantos an matado los nazis y los comunistas?
Anda a lloriquear a las fondas nacionalista oxidado, mariconsito
Después de la matanza, el líder de grupo nazi su líder (jorge Gonzáles von marez)se fue a trabajar con alesandri quien mando matar a sus compañeros
Esa es la faltad de los nazis
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06-09-2006, 01:28
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Re: La Masacre Del Seguro Obrero
Cita:
Originalmente publicado por lajusticia
No seai lloron maricon ¿ a cuantos an matado los nazis y los comunistas?
Anda a lloriquear a las fondas nacionalista oxidado, mariconsito
Después de la matanza, el líder de grupo nazi su líder (jorge Gonzáles von marez)se fue a trabajar con alesandri quien mando matar a sus compañeros
Esa es la faltad de los nazis
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Los argentinos como tu no tienen moral para enrostrale a los chilenos el ser llorones...
Prediquen con el ejemplo y dejen de llorar mamonamente por perder las Malvinas o por cuando pierden la posibilidad de ganar un mundial (siempre frente a los alemanes para variar) o de armar la media alaraca cuando el cocainómano y megalómano de Diego Armando Maricoca se descompensa de su cardiopatía causada por su propia irresponsabilidad...
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06-09-2006, 01:57
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Bosta

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Re: La Masacre Del Seguro Obrero
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06-09-2006, 02:17
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Re: La Masacre Del Seguro Obrero
es como un documento periodístico el artículo escrito.
En ningún momento da razones del porqué los nazis hicieron lo que hicieron, solo da datos superficiales de los hechos tratando de mostrar el "heroicismo" de los actores del hecho. Nada más.
Cero metodología histórica para explicar el proceso, ninguna justificación, no razona los hechos, el contexto lo dice de forma poco clara y tendenciosa, sólo los expone (los hechos) "en bonito".
Eso se puede leer a primera vista. La opinión de los hechos, me la guardo.
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06-09-2006, 02:20
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Re: La Masacre Del Seguro Obrero
osea que ay que llorar que hayan matado a un par de weones que tomaron rehenes y estaban armados??
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06-09-2006, 10:05
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Re: La Masacre Del Seguro Obrero
Cita:
Originalmente publicado por estregnio
es como un documento periodístico el artículo escrito.
En ningún momento da razones del porqué los nazis hicieron lo que hicieron, solo da datos superficiales de los hechos tratando de mostrar el "heroicismo" de los actores del hecho. Nada más.
Cero metodología histórica para explicar el proceso, ninguna justificación, no razona los hechos, el contexto lo dice de forma poco clara y tendenciosa, sólo los expone (los hechos) "en bonito".
Eso se puede leer a primera vista. La opinión de los hechos, me la guardo.
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Si bien el tema es solo para recordar un crimen politico ocurrido el 5 de septiembre de 1938 ,del cual cada uno sacara sus conclusiones y razonamientos, para que se tenga mayor informacion al respecto transcribire un articulo sobre los hechos que dessencadenaron una espiral de violencia que acabo con la masacre del seguro obrero y la eliminacion del movimiento nacional socialista como expresion politica.
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06-09-2006, 10:54
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Re: La Masacre Del Seguro Obrero
La muerte de 59 jóvenes a pasos de La Moneda fue el fin de un proceso deliberado para lograr este objetivo.
En noviembre de 1999 falleció el último sobreviviente del Seguro, el Camarada Carlos Pizarro. Han pasado ya varias generaciones y todos los protagonistas están muertos, pero aún no existe un juicio histórico a la responsabilidad de la brutalidad policial.
Los hechos apuntan a que fue producto de una decisión deliberada que contó, al menos, con la complacencia del Presidente.
La Violencia del "León"
La violencia desatada durante el segundo Gobierno de Arturo Alessandri tuvo su clímax el 5 de septiembre de 1938. Ese día, fuerzas policiales masacraron a 59 jóvenes nacistas que habían realizado un intento de golpe de Estado.
La matanza sucedió a pocos pasos de La Moneda, en la Caja del Seguro Obrero.
Hasta nuestros días ha quedado dando vueltas la orden que el Presidente. jamás reconoció: "Mátenlos a todos".
Sin pretender hacer hablar a los muertos, buscaremos un móvil, la finalidad de estas ejecuciones. Hay datos que revelan la intención manifiesta de no dejar sobrevivientes y menoscabar la verdad.
Los hechos ocurrieron hace ya más de sesenta años y todos los protagonistas ya están muertos.
Pero la Matanza del Seguro Obrero no fue una decisión contingente, nerviosa y aislada. Fue la culminación de un exitoso proceso llevado a cabo por el Presidente Arturo Alessandri Palma, para eliminar al Movimiento Nacionalsocialista de la política chilena.
Los hechos son claros: su segunda administración estuvo marcada por la represión contra cualquiera que se le pusiera en el camino. Y de ellos, fueron los nacistas quienes llegaron más lejos.
El fantasma del golpe
Arturo Alessandri quiso eliminar cualquier semilla de motín militar en su segundo Gobierno. El recuerdo de la rebelión castrense que el 5 de septiembre de 1924 interrumpió su primera administración fue determinante en su política de seguridad.
Apenas asumió la presidencia, eliminó del Ejército a todos los altos mandos que no eran de su confianza. Quería completar su mandato y dejar como legado la institucionalidad propuesta por la Constitución en marcha.
Su desconfianza hacia el mundo castrense se reflejó en su público apoyo a una serie de organizaciones paramilitares que existían cuando asumió de nuevo el poder en 1932. Estos grupos pretendían hacer vigente la Constitución y defender al Gobierno Civil. La más importante de estas fuerzas, las Milicias Republicanas, fue respaldada públicamente por el mandatario en el desfile que 20 mil milicianos efectuaron en mayo de 1933.
A fines del mismo año, el Comandante en Jefe de la institución, Pedro Vignola, hizo correr en los regimientos una circular reservada en que se calificaba a las Milicias como un peligro y una ofensa a la dignidad del Ejército. El documento trascendió a la prensa, Vignola reconoció su autoría y fue llamado a retiro.
Alessandri nombró en su lugar al general Oscar Novoa, quien había presenciado junto a él los desfiles de las Milicias. Novoa fue su militar de confianza, y en todo momento permaneció incondicionalmente a su lado.
La actitud de Alessandri hacia el Ejército la explica en sus «Recuerdos de Gobierno»:
"Era necesaria en aquellos momentos la máxima energía para hacer sentir al ejército la acción de la autoridad que se ejercitaba sin contemplaciones y con resolución".
El orden público fue sostenido principalmente con medidas de carácter policial: Carabineros e Investigaciones fueron sus fuerzas más leales. Carabineros llevó a cabo la política represiva del Gobierno dejando grandes manchas de sangre. A cada hecho violento se respondió con más violencia, en una espiral que culminó el 5 de septiembre del 38.
Una masacre olvidada: los sucesos del fundo Ránquil
En junio de 1934 un grupo de inquilinos de este fundo de la zona del Alto Bío Bío, se dispersó en un sector de 150 kilómetros de la precordillera de la Araucanía: durante una semana, asaltó pulperías y asesinó a los mayordomos, propietarios y policías que intentaron detenerlos.
Carabineros los controló con extrema violencia: hubo por lo menos cien muertos y de las 500 personas detenidas, llegaron a Temuco sólo 23 para ser juzgadas.
Hasta hoy no está claro qué pasó con el resto. En la discusión en la Cámara se arguyó que la raíz del problema era social y económica, pues casi 10 mil personas habían sido trasladadas a terrenos precordilleranos para instalar lavaderos de oro. Por la inclemencia del inviemo no tenían trabajo ni comida, ni cómo conseguirla.
Alessandri, a través de su ministro del interior Luis Salas Romo, culpó de los hechos a «los partidos disolventes». Una célula comunista del sector, se dijo, agitó de manera sistemática a los campesinos. La sentencia final de la Corte de Apelaciones de Temuco se dictó en marzo de 1935 y sobreseyó a los reos. Nunca se detuvo ni menos se enjuició a las fuerzas policiales responsables de la matanza. Fueron hechos de una violencia inusitada que rápidamente pasaron al olvido.
Conspiraciones por todas partes
En febrero de 1935 se declaró la huelga en la empresa de Ferrocarriles del Estado. Cientos de trabajadores de distintas regiones del país adhirieron al movimiento en demanda de mejoras salariales. Por ser funcionarios públicos, el paro era ilegal.
Al día siguiente de declarada la huelga, el Gobierno se valió de un Decreto-Ley existente para militarizar la empresa. El Regimiento de Ferrocarrileros del Ejército se hizo cargo del funcionamiento de los trenes. Pero para decretar estas facultades extraordinarias, se requería el visto bueno del Congreso. Como no tenía el apoyo parlamentario, Alessandri simplemente clausuró la legislatura, en una medida calificada de inconstitucional por la oposición.
Al día siguiente, se decretó Estado de Sitio desde la provincia de Aconcagua al sur. Dos días después, un grupo de huelguistas se reunió cerca de la Maestranza San Eugenio. Alessandri envió policías, carabineros y soldados para detenerlos. Según el historiador Ricardo Donoso, fueron llevadas 500 personas a la Penitenciaría. Según Arturo Alessandri, los detenidos fueron entre 200 y 300.
Arturo Alessandri expresa en sus «Recuerdos de Gobierno» que la huelga ilegal fue instigada por dirigentes sindicales comunistas que recibían órdenes de Moscú, a través de una oficina en Montevideo. Acusa a los huelguistas de actuar de forma muy violenta y en un área estratégica de las comunicaciones nacionales. El fin último era, a su juicio, derrocar al Gobierno creando un estado de agitación general.
Gracias al Estado de Sitio, se clausuró sin orden judicial la sede del partido Socialista y se cerraron los diarios opositores "La Opinión" y "La Hora". Fueron relegados a sectores apartados del país redactores y directores de ambas publicaciones.
En marzo, una vez reabierto el Congreso, el partido Radical propuso una acusación constitucional en contra del Ministro del Interior Salas Romo, por la detención de los obreros ferroviarios durante más de 24 horas sin que hubiera cargos en su contra y por la clausura de "La Opinión". La moción fue rechazada por 76 votos contra 56.
Alessandri niega haber clausurado algún periódico. Sólo reconoce haber censurado ciertos contenidos de la prensa, para "evitar que ella difundiera informaciones falsas, inventando huelgas en todas partes, para hacer aparecer que el país estaba totalmente infestado y dominado por una inmensa huelga revolucionaria de solidaridad, destinado a convertirse pronto en un paro general".
Disparen contra los militares
Junto con las persecuciones contra la prensa de oposición y los instigadores de la huelga, se produjo un ambiente general de crítica al Ejecutivo. Éste temía un golpe de fuerza.
Los temores se confirmaron en la tarde del 28 de febrero. Ese día, se desarrolló una extraña intentona militar. La conspiración contaba con el respaldo de los regimientos Buin de Santiago, Maipo de Valparaíso y Coraceros de Viña del Mar. Un pequeño grupo del regimiento Cazadores fue conducido al Parque Cousiño. Allí debían esperar a las demás fuerzas. Pero no llegaron.
Según consta en las memorias de Arturo Alessandri, el regimiento Buin se dirigía a la reunión por la avenida Recoleta cuando un jefe de Carabineros, alertado de lo que ocurría, lo impidió, y obligó a los militares a entrar a un cuartel.
Paralelamente, en el centro de Santiago, el capitán en retiro Raimundo Pohler, intentó asaltar el Cuartel General del Ejército para apoderarse de armamento y enviar órdenes a las unidades de la capital. El Comandante en Jefe del Ejército, general Oscar Novoa, poco antes había salido de su despacho hacia el Estadio Militar, justo al lado del Parque Cousiño. Alessandri dijo que esta circunstancia casual evitó que Novoa fuera asesinado y los sublevados se apoderaran del mando militar.
Alrededor de La Moneda, había entre 60 y 80 personas armadas esperando el momento para capturar el edificio. Pero las únicas noticias que recibieron fueron fracasos: no se había ocupado el Cuartel General ni se reunió el contingente militar esperado en el Parque. Poco después se dispersaron.
Según el Ministro del Interior, el Gobierno sabía que sucedería y, por esto decretó de inmediato el Estado de Sitio. En la tarde se detuvo al diputado radical Juan Antonio Ríos, futuro Presidente de la República, acusado de ser unos de los jefes de la conspiración.
Según las memorias del León, un ayudante que el general Novoa envió para imponerse de qué pasaba en el Cuartel General, vio al diputado entrar y salir del edificio del Ejército. Así se lo relacionó con la intentona. Además, se ordenó a Carabineros colocar ametralladoras en los puentes sobre el Mapocho, para evitar que cruzaran al sur los efectivos del Buin. Alessandri ordenó que se disparara sobre cualquier militar que intentara atravesar el río.
Los detalles del intento de golpe casi no se conocieron en aquellos días. Pero después se supo que fue planificado por partidarios del general Carlos Ibáñez que querían su regreso al poder. La Corte de Apelaciones desaforó a fines de marzo de 1936 a Juan Antonio Ríos. Sin embargo, quince días antes la Cámara de Diputados había aprobado una declaración de protesta por la violación efectiva del fuero del parlamentario. La sentencia fue apelada y el juez a cargo liberó a Ríos.
Por decreto, se separó del Ejército a siete oficiales. El general Oscar Novoa depuró la institución eliminando los elementos no confiables. El juicio militar estableció penas que luego la Corte Marcial disminuyó: extrañamiento entre tres y un año e inhabilitación perpetua para cargos y oficios públicos.
Nacismo, la pesadilla de Alessandri: opositores y militarizados
El Movimiento Nacional Socialista fue fundado en 1932 por Jorge González von Mareés y Carlos Keller, entre otros.
El M.N.S., que decía identificarse con el fascismo, tuvo un crecimiento rápido: en las elecciones parlamentarias de 1937 logró casi 15 mil votos, equivalentes al 3,5% del electorado.
Sus tres diputados se convirtieron en la oposición más dura y virulenta a Alessandri. El presidente era acusado por la prensa nacista de ser el «abanderado y sostenedor de la restauración oligárquica». González Von Mareés, Jefe del nacismo criollo, lo culpaba directamente de la mala situación en que se encontraba el estrato popular.
Crítica al régimen
El Movimiento Nacional Socialista deslegitimizó al régimen de una manera sistemática y continua. Jorge González creía que la principal causa de la crisis del país era la clase dirigente, por ser «una plutocracia sórdida y corrompida, dominada por una insaciable sed de lucro».
Estableció como objetivo del partido la creación de una «aristocracia democrática», que no tendría vínculos ni de sangre ni de riquezas. Él decía buscar la «aristocracia de los mejores».
El nacismo pretendía la instauración de un Estado Corporativo. En las "Declaraciones Fundamentales y Plan de Acción del Movimiento", publicados en 1932, se dijo que el Estado debía ser más que un simple guardián de la seguridad pública. Debía regular los intereses y actividades particulares en función del beneficio de la colectividad.
En el libro «Una revolución en marcha» Carlos Keller, fundador e ideólogo del M.N.S., denuncia que cuando se hablaba de constitucionalidad y de legalidad sólo se hacía un juego de palabras: «Chile está sometido hoy día a una dictadura capitalista dirigida por los partidos reaccionarios de derecha. La miseria en que viven las clases populares es el resultado de esta derecha y constituye una etema acusación contra ese régimen».
Las principales críticas del nacismo al Gobierno de Alessandri se refirieron siempre a su manejo económico. La cara visible era Gustavo Ross Santa María.
«El último pirata del Pacífico»
Ese fue el apodo que los nacistas le pusieron al Ministro de Hacienda Gustavo Ross.
Entre 1936 y 1938 criticaron de una manera reiterada su gestión y personalidad. Jorge González resume en una frase su juicio a la labor del ministro y futuro candidato presidencial: «la explotación del consumidor y del trabajador chileno, en beneficio de los grandes capitalistas intemacionales y de la plutocracia nacional».
El M.N.S. pedía medidas proteccionistas para la economía y alegaba porque el Gobierno beneficiaba a los inversionistas extranjeros sin poner atención a las riquezas que retiraban del país dejando en el país impuestos irrisorios.( muy actual )
Sus diputados plantearon iniciativas que buscaban retener divisas en el país para que el peso se revaluara respecto del dólar.
En 1938 González publicó «El mal de Chile», donde denunció que Ross despreciaba los intereses de las masas, por ejemplo, por sus decisiones respecto del tipo de cambio: mantenía a un nivel alto el valor de la divisa pese a que habría sido posible bajarlo. Esto habría provocado el elevado costo de la vida que sumía al pueblo en una «situación de hambre».
Acusó que el ministro protegía las ganancias de los exportadores nacionales, las cuales se verían disminuidas si el precio del dólar bajaba. El diario nacista "Trabajo", durante 1938, se dedicó sistemáticamente a denunciar el intervencionismo electoral del Presidente Alessandri a favor de la candidatura de Ross.
Publicó el 21 de junio un telegrama que el "León" le envió a Agustín Edwards (fundador del diario "El Mercurio", decano de la oligarquía chilena), embajador chileno en Londres. En él le pedía que felicitase a Ross por haber sido nombrado candidato y que volviese prontamente para vigorizar la campaña.
Dos días después el Prefecto Jefe de Investigaciones Oscar Peluchoneau indagó en las oficinas de Correos cómo se filtró el comunicado privado, amenazando con expulsar al funcionario responsable.
Las acusaciones se refirieron a prácticamente cualquier irregularidad. Por ejemplo, el diario "Trabajo" del 24 de junio de 1938, denunció que se fabricaron 2 mil platos con la impresión "Con Ross llenos, sin Ross vacíos", en "Envases y Enlozados San Francisco", de Arauco. Los platos se utilizarían en un almuerzo de propaganda del candidato. Luego los restoranes populares servirían la comida para la población, haciendo así publicidad enmascarada.
Las bases nacistas colaboraban fuertemente en este nivel de crítica contra los personeros del Gobierno.
Claramente fueron empleados de la fábrica de enlozados y de Correos quienes filtraron estas informaciones. Luego, los redactores del periódico establecían hipótesis, interpretaciones y le daban un carácter político. Así los rumores tomaban cierta solidez crítica y generaban polémica.
A través de su diario, el Movimiento Nacional Socialista desarrolló la agitación contra el Gobierno, dándole connotaciones morales a sus acciones en todas las oportunidades posibles.
Amigos del enemigo
Pero lo que definitivamente provocó la ira de Alessandri contra el nacismo fue el apoyo que brindaron a su principal enemigo, el general Carlos Ibáñez del Campo. En su primer período presidencial, Arturo Alessandri intentó hacer frente a la intervención política de ciertos sectores militares. Querían depurar al país y anhelaban cambios dentro de su institución. Uno de los jóvenes oficiales que lideraron estas demandas fue el entonces mayor Carlos Ibáñez del Campo.
Él redactó el último petitorio que el Comité Militar (grupo de 25 oficiales que dirigía el golpe militar) le hizo al Gobierno. Éste fue el documento que significó el pronunciamiento del 5 de septiembre de 1924. Alessandri abandonó el país mediante una licencia de hasta por seis meses que le dio el Congreso.
Pero el primer motivo del resentimiento que experimenta Alessandri hacia Ibáñez no es tan simple.
En la primera declaración de la Junta de Gobierno que asume el poder después del golpe, se dijo que las peticiones fueron insinuadas por el Presidente a los militares revolucionarios. Lo mismo se expresó en un memorando que escribió el capitán Heraclio Valenzuela, oficial encargado de entrevistarse con el Presidente Alessandri el 4 de septiembre: el "León" les habría dicho que hicieran el petitorio y exigieran que el Congreso aprobase las reformas. De no obedecer, el Congreso sería clausurado y el mismo Alessandri dirigiría la Asamblea Constituyente que los militares formarían.
Esto fue desmentido por el Presidente, pero -de ser cierto- implicaría que Alessandri se sintió traicionado por los militares cuando no lo incluyeron en sus planes reales una vez consumada la revolución. Y entre ellos estaba Carlos Ibáñez.
Otros antecedentes los tenemos tras el golpe revolucionario del 23 de enero de 1925, que logró la vuelta de Alessandri a la Presidencia.
Ibáñez participó en este conato y fue Ministro de Guerra del repuesto Alessandri. Tuvieron fricciones serias en tres ocasiones: a propósito de la llegada de la misión Kemmerer; con respecto a la Matanza de Santa María de Iquique, y en los últimos días del primer Gobierno de Alessandri.
En la primera ocasión, Ibáñez esperó con 300 hombres en uniforme militar y en formación, al grupo de economistas estadounidenses que el Gobierno contrató para que reestructurara la economía nacional. Alessandri se sintió desautorizado y Kemmerer y el embajador norteamericano le preguntaron si representaba el amparo de la espada a la misión, o si era una advertencia de que las regalías de las Fuerzas Armadas no se podían tocar. Inquirió al Ministro de Guerra, quien le respondió que el Ejército estaba muy molesto porque veía nepotismo en el Gobierno y porque además, dos ministros intervenían descaradamente en beneficio de la candidatura de Armando Jaramillo, amigo del Presidente.
El segundo incidente, respecto a la matanza obrera de Santa María de Iquique, se produjo el 19 de agosto. Alessandri e Ibáñez discutieron la sentencia del Consejo de Guerra de Antofagasta. El fiscal Caupolicán Clavel (el mismo que sería nexo de Ibáñez con Jorge González en 1938 y que debía confirmar cuáles regimientos apoyarían la intentona nacista) dijo que los lugares propuestos para retener a los responsables del complot subversivo no tenían instalaciones para funcionar, y que urgía alejarlos de los centros obreros e industriales. Al final, el Consejo de Ministros decidió reducir las penas, que era lo que buscaba Alessandri. Esta decisión irritó muchísimo a Ibáñez, quien la consideraba una muestra de la debilidad del Gobierno frente a los agitadores de izquierda. En la discusión ambos estuvieron a punto de renunciar, pero algunos ministros lograron evitarlo.
A mediados de agosto Ibáñez se perfilaba como candidato presidencial. Alessandri quería obtener el apoyo militar para su amigo Armando Jaramillo. Para sondear la situación, concurrió a un almuerzo militar en su honor. Lo aplaudieron, por lo que inició un discurso. Al finalizar, sólo hubo silencio: ningún aplauso. No contaba con el apoyo del ejército.
El día 29 personas ajenas a la política le ofrecieron al coronel Ibáñez ser candidato. Al día siguiente se supo que aceptaba, mientras se citaba al Consejo de Ministros para leer su declaración de renuncia. Pero sorpresivamente el nombre del Ministro de Guerra no estaba incluido. Al día siguiente, 1° de diciembre, envió una carta al presidente en la que declaró que podía ser Ministro y candidato a la vez, y que como jefe de la revolución tenía la responsabilidad todavía de responder por la cohesión del Ejército. Un último párrafo le pide al Presidente que cualquier comunicado oficial que envíe se lo haga llegar antes, para que tuviera la validez de su firma como único ministro en ejercicio. Después de esta vejación, Alessandri le pidió a Luis Barros Borgoño que asumiera la vice-presidencia, y se retiró del Gobierno.
Finalmente, siendo Presidente de la República, Ibáñez desarrolló una depuración que incluyó la deportación de Alessandri. Aquí surge definitivamente la profunda odiosidad entre ambos personajes. Desde el exilio, ya en 1927, Alessandri conspira con el general Enrique Bravo. Logran la adhesión de Marmaduque Grove para contar con el apoyo del Ejército, sin el cual todo intento por derrocar a Ibáñez sería inútil. Así formaron el "Comité de Defensa". En las "Actas de Calais", en 1928, este comité criticó la labor del coronel y la definió como una dictadura. El documento fue incluido en las memorias de Alessandri.
Las conspiraciones se supieron en nuestro país. Como represalia, fue allanada la casa de Arturo Alessandri y dos de sus hijos encarcelados por menos de una semana. La medida se tomó arguyendo un complot comunista.
El año 1932, ahora con Ibáñez fuera del país, Alessandri volvió a la Presidencia.
Su odio hacia Ibáñez se mantuvo latente, y despertó con el regreso al país del General, quien aún mantenía el respeto de grupos militares y civiles.
En diciembre de 1937 Alessandri fue a un almuerzo en la Escuela de Aviación para sondear hasta dónde apoyarían los militares una candidatura del retomado Ibáñez. En su discurso responsabilizó a Ibáñez de haberlo exiliado e injuriado, y justificó su alarma al ver que había personas que querían ver de nuevo en la presidencia a "quien abatió los fundamentos democráticos". Terminó diciendo que no aceptaba la política dentro de las Fuerzas armadas y que perseguiría a los militares que intentasen hacer propaganda en sus filas.
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06-09-2006, 10:55
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Re: La Masacre Del Seguro Obrero
Ibáñez, abanderado nacista
Los nacistas fueron quienes levantaron la candidatura presidencial de Carlos Ibáñez del Campo. Lo proclamaron en un Congreso General el 12 de octubre de 1937, pero Ibáñez sólo respondió el 4 de junio del año sigueinte, cuando se había conformado la "Alianza Popular Libertadora", formada por el nacismo junto a la "Unión Socialista" (N.d.E.: Se trata de Socialistas NO marxistas) y otros grupos independientes.
El discurso en que estableció su programa de Gobierno fue preparado por el propio Jorge González. Lo confirmó en el diario "Trabajo" del 24 de marzo de 1939 Javier Cox, director del periódico.
A la odiosidad que Alessandri sentía por los nacistas debido a su durísima oposición a su Gobierno y al peligro que significaban para la institucionalidad que pretendía fortalecer, debió sumarse que ellos fueran los más activos propagandistas de Ibáñez, su odiado enemigo político.
Discurso violento
Carlos Keller en su libro «Una revolución en marcha», de 1938, definió al Nacismo como la única fuerza revolucionaria del país capaz de derrotar a la dictadura capitalista:
"El nacismo combate esta dictadura con todas sus fuerzas, estando dispuesto a oponer la violencia del pueblo a la violencia del dinero". "Somos los únicos en Chile que estamos dispuestos a aniquilar la dictadura capitalista y a dar nuestra sangre, si fuere necesario, para redimir definitivamente a este país, para instaurar una democracia popular (...) En contra de nosotros están los cobardes que no son capaces de sublevarse contra la oprobiosa dictadura capitalista que nos agobia, o que ven en la vida una posibilidad para satisfacer egoísmos inescrupulosos".
Las Tropas Nacistas de Asalto (T.N.A.) fueron fuerzas de choque que tuvieron sus equivalentes en los comunistas y socialistas. Los enfrentamientos callejeros entre los grupos eran pan de cada día, y a menudo terminaban con decesos de uno u otro bando.
Otras veces se dedicaban a boicotear las actividades públicas de los otros sectores. Hubo varias denuncias a través de la prensa de que estuvieron involucrados en ataques contra ciertos sindicatos, con el resultado de obreros graves y muertos.
Más allá de las peleas callejeras, los nacistas plantearon la violencia como una vía real. Y esto coincidió con el cambio de dirección del partido Comunista.
El Comintern Soviético de 1933 reemplazó la idea de que sólo la revolución traería el cambio de régimen. Ahora se intentaba propiciar cambios dentro del sistema político.
Este cambio de la tradicional política aislacionista del P.C. fu una respuesta al fortalecimiento de los partidos fascistas en Europa. La política de los "Frentes de Izquierdas", adoptada por la Intemacional Comunista, llevó al P.C. chileno a establecer alianzas con los partidos burgueses que postularan la reivindicación de las clases populares (en este caso, socialistas y radicales) (N.d.E.: en el caso del Partido Radical, aunque integró el Frente Popular y siempre ha sido un partido de Izquierda, jamás se declaró de carácter Marxista, como si lo hizo el Partido Socialista).
Así, los nacistas fueron el único sector político que aparentemente quedó proponiendo la vía violenta en su discurso y en su acción.
El 14 de enero de 1937, Jorge González dijo en un discurso por la radio de la "Cooperativa Vitalicia" que, más necesario que la representación parlamentaria, era la organización de un grupo audaz y valeroso que no cedería ante los que deseaban la mina de la Patria. Agregó que sólo el nacismo podía ganarle al comunismo los sectores populares, y que deseaba un cambio radical que impondría por la razón o la fuerza.
A Arturo Alessandri no puede haberle causado ninguna gracia este tipo de declaraciones. Primero, porque el Mandatario tenía un temor obsesivo a un levantamiento militar que se agudizaba con esta incitación expresa del M.N.S. a la rebelión. El nacismo podría resultar atractivo para la oficialidad conspiradora debido a su defensa del Corporativismo y su respeto de la jerarquía, características de una visión de mundo militarizada.
Segundo, porque el León intentó a toda costa imponer una institucionalidad y la vigencia de la Constitución, mientras que el nacismo no sólo se declaraba contrario al régimen sino que instigaba a que se lo destruyera.
De las palabras a los hechos
En los últimos meses de 1935, los choques entre nacistas y comunistas dejaron varios heridos y muertos. El gobierno, alarmado, pensó que una forma de detener esta espiral era desmilitarizando a los partidos extremistas. Por ello, el 7 de noviembre el Ministerio del Interior publicó un decreto que prohibía a los partidos políticos el uso de uniformes, bajo pena de detención. Cuatro días después, Jorge González ingresó a la Penitenciaría a cumplir los 61 días de reclusión que le impuso la Justicia por haber injuriado a Comelio Saavedra. Negociante de fortuna, amigo íntimo de Alessandri, había sido diputado, senador y ministro de Estado. El Jefe lo había llamado "rufián de la política" en una concentración del M.N.S. realizada en el Teatro Imperio en mayo del año anterior.
Los nacistas hicieron escándalos afuera de los tribunales de Justicia cuando se dictó la sentencia, pelearon cuerpo a cuerpo con obreros luego de una concentración en el estadio de Concepción, en octubre, y protagonizaron importantes disturbios cuando González ingresó a prisión.
Durante los días siguientes carabineros detuvo a cada nacista uniformado que encontraron en la calle, obedeciendo el decreto del Ejecutivo.
Un grupo de nacistas afectados presentó un recurso de Amparo que fue acogido por los tribunales. Tras el proceso judicial, la Corte Suprema finalmente estableció que el uso de uniformes no era un delito.
El 15 de noviembre de 1936, un grupo de radicales despedía en la estación ferroviaria de Rancagua a un dirigente que viajaba a la capital. Gritaban "Viva el Frente Popular". 104 nacistas que ocupaban un vagón les respondían "Muera el Frente Popular". Pasaron a los garabatos y terminaron en disparos. "El Mercurio" del día siguiente dijo que, tras un primer disparo de origen desconocido, los nacistas dispararon cerca de cien tiros contra la multitud. Hubo 7 heridos.
El juez de tumo de Rancagua envió un exhorto para que la policía detuviera a los ocupantes del carro al arribar a Santiago. Llegaron a la capital 97 nacistas, entre ellos Jorge González y Carlos Keller. La policía encontró sólo una pistola y un revólver, de propiedad de éste último. Se nombró a un ministro para que investigara los hechos. El Ministro del Interior Matías Silva dijo en una entrevista del mismo día a "El Mercurio", que este asunto le correspondía a la Justicia ordinaria y que el Ejecutivo no podía intervenir: "no cabe otra situación dada la existencia de una sentencia de la Corte Suprema que dictaminó que no era delito el uso de uniformes de parte de los militantes de partidos u organismos militarizados".
Sigamos revisando el comunicado del Ejecutivo respecto de los sucesos de Rancangua:
"El Gobierno podrá reprimir y sancionar las actuaciones de estos organismos paramilitarizados cuando sean aprobadas las disposiciones sobre seguridad Interior del Estado que el Ejecutivo propondrá al Congreso, pues ellas prohibirán la formación y existencia de tales organismos armados".
Tanto los parlamentarios de Gobierno como los de oposición protestaron por los sucesos de Rancagua. De hecho, dos días después del tiroteo, la diputados aprobaron por unanimidad un acuerdo. Su texto decía que en vista de que los nacistas armados habían provocado en reiteradas ocasiones hechos similares al de Rancagua, la Cámara acordó representar al Primer Mandatario la urgencia de adoptar medidas que sancionaran a los responsables y evitaran que se repitiera. Pero meses después hubo un vuelco. El magistrado, en su fallo de marzo del 1937 determió que los disparos que hirieron gravemente al público fueron hechos desde los andenes y no desde el carro. O sea, los nacistas no podían ser los culpables.
Así se confirmó de alguna manera la versión del diario "Trabajo", que había denunciado que los incidentes fueron una farsa, y que el ataque había sido responsabilidad de agentes de seguridad infiltrados entre el público. Sea como fuere, una nueva ley de amnistía para delitos políticos acabó con esta discusión. Nuevamente los culpables quedaban impunes.
La "Ley de seguridad interior del Estado"
Antes de descubrirse el montaje en los sucesos de Rancagua, el Gobierno logró concretar uno de sus anhelos: tener un arma legal para poner a nacis y comunistas al margen de la ley.
Luego de que el Congreso pidiera que se sancionara a los nacistas, supuestamente responsables de la balacera de Rancagua, Alesandri sacó un as bajo la manga. Al día siguiente, el 18 de noviembre de 1936, respondió al requerimiento del parlamento con un extenso y elaborado oficio. La prontitud con que se entregó un texto tan completo despertó sospechas.
Para el historiador Ricardo Donoso, el documento debió haber sido preparado con anticipación. Esto apoya las versiones nacistas en el sentido de que había agentes de seguridad infiltrados en la estación y se trató de una argucia en contra del grupo militante. El documento, firmado por el Presidente Alessandri y el Ministro del Interior, denunció que el nacismo empleaba en la práctica la violencia como medio de acción y de realización de sus propósitos, aunque no lo dijera en su programa.
Expresó que el comunista y el nacista eran partidos revolucionarios que realizaban campañas de desprestigio contra quienes trabajaban para el régimen constitucional: "El nacismo ataca al régimen y a los hombres que lo sirven con acritud, malevolencia e injusticia para preparar así el ambiente y hacer fácil el estallido revolucionario con el cual sueña para alcanzar su finalidad: la dictadura".
Recordó que el Congreso acordó, en septiembre de 1933, una condena contra las actividades nacistas y comunistas que alterasen la organización política y social, las cuales urgía sancionar eficazmente. El documento del Gobierno declaró que indicaría al Presidente de la Comisión de Seguridad y Justicia que se prohibiera la propaganda revolucionaria del nacismo y todos los actos que incitaban a la revuelta y a la violencia: uniformes, emblemas, signos y armas en asambleas y lugares públicos y "otros sitios" no especificados.
"La herramienta más peligrosa de los enemigos de la República está precisamente en la licencia, en el libertinaje y en la deshonestidad de la prensa extremista; inventa o desnaturaliza los hechos, hace impugnaciones, injuria, calumnia y crea toda clase de especies por destilar veneno en las masas a objeto de engañarlas y exaltarlas en contra de los poderes constituidos".
Según Alessandri, la República no podría salvarse si no se contenían rápida y eficazmente los "desbordes delictuosos de la prensa".
Ya que la acción judicial era lenta y demorosa, pidió que se le otorgaran facultades extraordinarias al Ejecutivo para que se suspendieran las publicaciones dañinas. Finaliza diciendo que el comunismo debe ser puesto fuera de la ley. No menciona al nacismo.
Así nació la "Ley de Seguridad Interior del Estado" en Chile: a partir de la respuesta nacista a un montaje planeado por el propio gobierno.
El 14 de diciembre se inició la discusión del proyecto que se refería a delitos contra la seguridad interior del Estado y el orden público: castigaba injurias y desacatos a las autoridades del Poder Ejecutivo, la distribución clandestina de armas y a los promotores de huelgas. Prohibía la existencia de partidos que pretendieran con la violencia implantar ideologías contrarias al régimen establecido, y el uso de emblemas y uniformes de carácter disolvente o revolucionario. Además establecía un procedimiento sumario cuando estos delitos se efectuaran por medio de la imprenta.
La discusión fue larga y apasionada en ambas Cámaras. Los parlamentarios opositores denunciaron que la ley derogaba garantías constitucionales y eliminaba la libertad de prensa, mientras que los gobiemistas arguyeron que el Ejecutivo necesitaba de armas eficaces frente a las organizaciones extremistas.
En la votación de los Diputados, 65 votos fueron a favor y 60 en contra. En el Senado, el 12 de enero de 1937, el proyecto fue aprobado en general por 22 votos contra 18.
Cuatro semanas más tarde el Presidente de la República devolvió a la Cámara el proyecto ya aprobado. Quería suprimir un inciso que inhabilitaba a los miembros de Carabineros e Investigaciones para ser testigos en los juicios correspondientes. Las protestas de la oposición fueron inmediatas, pero no pudieron evitar que los policías se convirtieran en testigos potenciales, ya que para objetarlo habría requerido de los dos tercios de la Cámara.
La "Ley de Seguridad Interior del Estado", se promulgó el 12 de febrero de 1937.
La Corte Suprema absuelve al Nacismo
El más alto tribunal, el 23 de abril de 1937, dictó una de las sentencias más importantes en torno al M.N.S.:
"El nacismo no tiende a destruir por medio de la violencia el orden social o la organización política y jurídica de la Nación, puesto que no hay ningún acto que así lo revele".
La sentencia correspondió a un proceso entablado contra cerca de 60 nacistas que viajaban desde San Francisco de Mostazal a Santiago en tren. Se les acusó de haber amenazado con armas de fuego a los pasajeros por no haber declarado su simpatía hacia el Movimiento. Otros cargos fueron efectuar disparos, lanzar ofensas contra el Gobierno y anunciar el derrocamiento del régimen existente. Además se les acusaba de usar las camisas pardas del uniforme del M.N.S.debajo de sus vestones.
La Corte Suprema declaró que, según los testigos, sólo se profirieron amenazas y que los demás hechos no fueron comprobados. Que no hubo delito contra la ley porque no incitaron a la rebelión contra las instituciones o forma de Gobierno. Que el conocimiento público sobre el nacismo no demostraba que fuera un movimiento revolucionario y que la ley contemplaba frente al uso de uniforme la sola disolución de la reunión. En cuanto al porte de armas, afirmó, la ley lo sanciona en territorio urbano, pero está permitido en zonas rurales, por lo cual durante un viaje en tren, este uso no puede sancionarse.
Prohibido hablar sobre Ross
El 11 de julio de 1937, el M.N.S. efectuó una concentración en la que Jorge González se refirió a la posible candidatura presidencial de Gustavo Ross. La Intendencia había autorizado el acto, pero paralelamente distribuyó agentes subaltemos y numerosos carabineros en el interior del recinto.
También los alrededores del local estuvieron fuertemente custodiados por policías uniformados. En un momento del discurso, el Coronel de Carabineros Juan Pezoa interrumpió la alocución e invitó a callar al diputado González. El público comenzó a reclamar y pronto comenzaron los desórdenes. Frente a ello, la policía lanzó bombas lacrimógenas para disolver la reunión.
Los disturbios continuaron fuera del recinto. En el Portal Femández Concha, sesenta nacistas, entre ellos González, se enfrentaron con carabineros. "El Jefe" fue detenido y pasado a la Justicia Militar. El parte oficial de Carabineros denunció que el Jefe llamó "sinverguenza" a Ross, dijo que el Presidente y los ministros eran unos "chupadores de sangre del pueblo", y que trató de "imbécil" e "idiota" a un cabo segundo.
González mostró en la Cámara un disco en que había grabado la conversación, para defenderse de las acusaciones. "Dije textualmente: "...en estas circunstancias que se levanta como candidato la nefasta figura del ex Ministro don Gustavo Ross Santa María", explicó.
Entonces subió al proscenio el coronel Pezoa y le dijo que tenía órdenes de impedir que hablase sobre Ross o si no, disolvería la concentración. Alegó González que no tenía derecho de hacerlo callar y el gas lacrimógeno hizo lo suyo.
El líder nacista recibió apoyo casi unánime.
En la Cámara los parlamentarios radicales, conservadores, liberales, demócratas y de la Acción Republicana protestaron por la violación del fuero parlamentario de González. En la sesión del día siguiente se leyó un oficio firmado por Presidente Alessandri.
El documento no traía la firma del Ministro del Interior, lo que significaba una trasgresión constitucional. En el oficio el Primer Mandatario denunció que "en el parlamento, en banquetes, la prensa y en reuniones públicas se repetía que se usaría de la fuerza contra la autoridad constituida". A su juicio, estas afirmaciones eran una incitación a la rebelión y al desorden. Agregó que "para mantener el orden y el respeto a las instituciones fundamentales de la República, se aplastará la fuerza ilícita con la fuerza legítima y a la violencia con que se amenaza se opondrá también la violencia". El Presidente defendió la actuación de Carabineros, y reclamó que los partidos de gobierno debieron pedirle explicaciones sobre el informe de la policía si no le tenían fe, en vez de considerarlo falso a priori.
El Congreso consideró vejatorio el oficio. Se criticó que el Ministro del Interior debió haber firmado el documento y que a él le correspondía haber ordenando la disolución de la concentración. Al tomar esta decisión el Presidente en persona, se convertía en un dictador. Se pensó devolverle el oficio al Presidente, "para que no ensuciara los anales del Congreso Nacional".
Por sólo un voto no le llegó de vuelta el documento.
Alessandri intentó otra vía. Pidió el desafuero de Jorge González por injurias contra su persona. El 12 de agosto la Corte de Apelaciones no dio lugar a la acusación, criterio reafirmado un mes más tarde por la Corte Suprema. Paralelamente se seguía un proceso judicial por injurias contra el director del diario "Trabajo", Carlos Keller.
La Corte de Apelaciones lo absolvió de las acusaciones. Pero el Presidente Alessandri decidió intervenir directamente en el poder judicial, el que desestimaba todos los juicios del gobierno contra el nacismo. El Ministro del Interior, por petición de Alessandri, presionó al fiscal de la Corte de Apelaciones para que oficiara un recurso de queja. Éste trámite, contra la Corte de Apelaciones, sería presentado ante la Corte Suprema. El 4 de octubre de 1937 la Corte Suprema declaró que no se daba lugar al recurso de queja. Incluyó además, una lista de observaciones al fiscal. En ella, advertía que en el documento del Ministerio del Interior -incluido en el recurso de queja- parecía que la autoridad ejercitaba facultades que no le correspondían. Criticó así que el Ejecutivo hubiera intentado interferir con el Poder Judicial y defendió su independencia constitucional.
Al mismo tiempo el diario de gobierno La Nación inició una campaña contra los Tribunales de Justicia. Los parlamentarios protestaron por la clara intención del periódico gobiernista de desprestigiar al poder judicial. La Corte Suprema, el 23 de julio, explicó que la ley le impedía a los jueces defenderse de las acusaciones, pero reiteró que mantenía un buen concepto sobre sus magistrados y no realizaría la investigación que el periódico le pedía.
En el parque Cousiño -actual parque O’ Higgins- se reunieron mas de 100000 adherentes de Ibáñez el 4 de septiembre de 1938, tras lo cual desfilaron en la llamada "Marcha de la Victoria". Al día siguiente, un grupo de 63 jóvenes estudiantes y obreros nacistas ocupó dos edificios de la capital: la casa central de la Universidad de Chile y la Caja del Seguro Obrero. Luego vino la masacre.
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06-09-2006, 22:07
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Re: La Masacre Del Seguro Obrero
Un error de calculo, conduce a los nazis a preparar el golpe putchista del 5 de septiembre de 1938, en la creencia de que contaban con el resuelto apoyo de un sector del ejercito.La equivocación les costo la vida a sus mejores cuadros jóvenes, brutalmente masacrados en la que se llamo la" TORRE DE SANGRE", El edificio del Seguro Social Obrero, por las fuerzas policiales enviadas por el gobierno con la orden expresa de "liquidarlos" aun cuando estos ya se habían rendido.
Se había producido así una ruptura entre las formaciones políticas y orgánicas de la derecha tradicional y sus fuerzas de choque.
Pero todo se reducía a una pugna por el poder. Se quiso ir más allá que la derecha gobernante. (Un diputado socialista de esa época Cesar Godoy Urrutia al analizar los hechos sostuvo):
Pareciera que el gobierno tiene interés en diluir su responsabilidad convertirse en algo asi como el campeón antifacista. ¿El gobierno y la derecha, que los protegió y utilizo como brigadas de choque contra los jóvenes obreros son ahora antifascistas?¿El gobiernoque cultiva tan buenas relaciones con Hitler y Mussolini, condena ahora a los nazistas?¿ las derechas aplauden los crímenes del fascistas Franco, que le ayudan a su triunfo y que agasajan a sus mensajeros, son ahora antifacistas?La prensa mercenaria, que justifícalos bombardeos de ciudades abiertas, los asesinatos en masa de mujeres y niños indefensos en España, ¿con que derecho despotrica ahora contra el fascismo.
¿Sabe ahora la derecha lo que es el fascismo? Capitalismo mas crimen ;morbo engendrado por las contradicciones y crisis del regimen;supernacionalismo; exacerbación del estado; guerra ;muerte del individuo y del espíritu….Los socialistas somos acaso los mas autorizados para hablar del nazismo y condenarlo como se merece; lo combatimos en la teoría y en los hechos .Tenemos el orgullo de decir que si no creció mas y logro dominar , otras sonase debe al PS y sus brigadas de defensa , y de los muchos héroes anónimos que inmunizaron al pueblo de chile contra el nazismo.
Esta eran las apreciaciones del diputado socialista CESAR GODOY URRUTIA...
Después del putch de septiembre el líder nazi González Von Marees se apago políticamente y termino ingresando al partido liberal, tragándose así la derecha los últimos vestigios visibles del fascismo de la época. Volvería a renacer en otras formas y en diversa circunstancias en septiembre de 1973.
En los años 30 se va gestando, también en las filas católicas una juventud que formada bajo el alero del viejo partido conservador, adquiere luego perfiles inconformistas crecientes y busca su inspiración en las encíclicas papales Como antecedente este grupo juvenil tuvo una expresión previa en el Partido Social Sindicalista luego en julio de 1934 aparece su vocero semanal con el nombre de Lircay y cuyo primer director fue Radomiro Tomic.. La figura mas caracterizada de este grupo fue Bernardo Leighton Guzmán, quien fue designado Presidente de la Juventud Conservadora, en su primera Convención del año 1935. Al interior de esa organización juvenil se forma pronto una rama dependiente, con cierta estructura paramilitar, que los jóvenes conservadores denominan Falange Nacional.
Gran parte de estos jóvenes conservadores agrupados en la Falanges resistieron a apoyar la candidatura derechista de Gustavo Ross Santa Maria, cobijada por el gobierno de Alessandri, siendo acusados luego de la derrota ante el Frente Popular, como responsables del descalabro electoral. La directiva del Partido conservador disuelve a su Juventud y desde esa fecha la Falange Nacional asume personería propia, marcándose así el destino de un nuevo movimiento que adquiére años mas tarde una gran connotación al servir de base a la Democracia Cristiana Chilena,
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